Dia 25 Cacabelos-Murias

Salgo de Cacabelos a las 9:30. Hoy es el día que tanto temía, el de subir a la Cruz de Hierro desde la vertiente del Bierzo. Lo que vi en la bajada en el viaje de ida es para tener mucho, pero que mucho respeto a esta subida.

Salgo con mucha tranquilidad. Desayuno de mis provisiones. Cruzo Ponferrada con bastante facilidad recordando el recorrido de la ida, aunque las subidas no me las ahorra nadie.

Subidita hasta Molinaseca, donde empieza el puerto con mucha tranquilidad. Molinaseca atravieso el pueblo, el puente de piedra

y paro en un banco para comer dispuesto en transformar buena parte del peso que llevo en provisiones en energía. Como y salgo para enfrentarme al monstruo.

En el camino hacia Molinaseca he estado pensando en que hacer cuando las rampas se vuelvan intratables, tal vez una estrategia de parar unos minutos para recuperar algo y volver amontar unos metros, así una vez y otra? Quizá es buena idea teniendo en cuenta que por lento que vaya montado voy siempre más rápido que un peregrino andando, la cuestión es saber si la propia pendiente me dejará volver a montar en la bici. En eso iba pensando cuando empecé a pedalear hacia arriba.

Las rampas saliendo de Molinaseca son bastante tratables, nada que no se pueda hacer con el plato mediano, voy haciendo tratar de desgastarme lo mínimo, también la comida hace que me sienta pesado, pero se que esa sensación pasará para encontrarme mucho mejor.

Van pasando kilómetros y voy notando la energía de la comida en Molinaseca, voy calculando lo que queda para llegar hasta arriba, el alto de las antenas antes de la Cruz de Hierro… Cada kilómetro pasado será un kilómetro que no me tocará arrastrar la bici andando.

Voy cogiendo el ritmo y me voy animando, subo bastante cómodo, si todo el puerto fuera con ese desnivel no habría problema. De vez en cuando surge una rampa algo más fuerte pero aun no he tenido que usar el plato pequeño. Voy haciendo fotos, me cruzo con ciclistas y pergrinos a pie. Alguno me dice que voy en dirección contraria ;-).

Pasan kms y llego a Riego de Ambros, quizá aqué se endurece algo más la subida pero nada grave….Hasta que se llega al Acebo. Recordaba una especie de hotel con grandes jardines donde en la ida me paré a comer, luego toca atravesar el pueblo por pavimento empedrado y en la salida empiezan rampas realmente duras. Hay que poner plato pequeño…

Voy haciendo poco a poco los tramos de rampas duras que, en principio no parecen muy largos, primero uno, luego otro, luego otro.. y otro llega un momento en que se acumula el esfuerzo de subir cada tramo de rampa dura que calculo que pueden tener entre un 12 y un 16% de desnivel. Uno tras otro y uno enganchado a otro mina mis fuerzas. Una cosa inédita que me pasa en estos tramos es que los peregrinos me animan como si fuese una etapa alpina del Tour. Se dan cuenta de la dureza que supone subir esto en bici. Hace ya rato que voy con todo lo que tengo, en una rampa una peregrina me da un empujón hacia arriba para ayudarme… Esto es de locos, los peregrinos de a pie animando y empujando a los ciclistas!!

Hay un momento en que parece que han acabado las rampas duras, pero a lo lejos veo como la carretera remonta una loma con una rampa que debe tener por lo menos un  12% . Trato de recuperar fuerzas hasta llegar allí y logro subirla… si hay una más no se si podré, miro a ver si veo las antenas… ni rastro… la carretera sigue subiendo pero de forma más suave… ¿ Y las antenas? Nada algun trocito algo más duro que puedo subir mejor tras el descanso que ha supuesto las rampas más suaves, me preparo para cualquier sorpresa. Finalmente, tras un ligero repechito veo a la izquierda las instalaciones de las antenas que suponen que he llegado al punto más alto… Momento de euforia, ya estoy arriba y paisaje desde allí es impresionante.

 

pero a todo esto me he quedado sin agua hace rato, hace sol, tengo sed y temo deshidratarme. He pensado parar en Manjarín (El hogar del que se hace llamar el último templario anarco-comunista) para tratar de conseguir agua. Veo una autocaravana justo delante de las antenas, en el punto más alto que resulta ser un bar móvil. Me siento un rato y me tomo un agua y un Aquarius.  Charlo un rato con los dueños y luego prosigo. Llego a Manjarín y esta vez me fijo más en el lugar.

Hay restos de casas de piedras y ahora hay un albergue en el que no hay electricidad e imagino que tampoco agua caliente. Paro y me meto un poco por allí. Encuentro al hospitalero que, al contrario de lo que imaginaba es un tipo “normal” le pregunto donde puedo coger agua y me dice que un poco más adelante hay una fuente. “Más adelante” es para los que siguenel sentido hacia Santiago, claro. Le digo que vengo subiendo desde el otro lado y que estoy haciendo el camino de regreso desde Santiago entonces su actitud algo distante cambia de golpe, me ofrece unos botellines de agua que tiene allí y que deje lo que quiera como donativo. Meto un donativo en una caja que tiene allí y me llevo un botellín, Le digo que voy a Murias, al albergue de Pedro que conocí en el viaje de ida. Me dice que lo conoce y que le de recuerdos de su parte. Me marcho y hago una subidita que me llevo a la Cruz De Hierro.

Lugar sagrado durante milenios y respetado por todos los pueblos. ESta segunda vez sigue impresionandome la piramide de piedras traidas por los peregrinos que hay a sus pies. Paso un rato allí viendo las diversas inscripciones que se han hecho en esas piedras, las ofrenda y notas de peticiones y de gratitud… es impresionante, pero trato de no pasarme tanto rato allí como hice en el viaje de ida. Allí también me encuentro con otro grupo de ciclistas catalanes…

Bajada hasta Foncedabón por la parte dura donde me cruzo con algunos ciclistas. Unos suben mejor que otros, pero esas rampas duras no son muy largas, nos saludamos y animamos.

Bajada y bajada… Igual que en la del Cebreiro se me hace larga. Veo el kilometraje que me queda hasta Murias y me sorprende que tuviese un recuerdo tan distorsionado de la distancia. Hubiese dicho que había muchos menos kilómetros.

La bajada por ese lado es bastante tendida y para darle una cierta velocidad a la bici hay que pedalear por una carretera en bastante mal estado, es un terreno muy áspero en el que tienes que esforzarte para avanzar a un cierto ritmo aunque, en teoría, sea bajada. Tengo ganas de llegar de una vez para ver a Pedro.

Por fin en Murias, entro en el albergue y llamo a la puerta de la habitación de Pedro quien se lleva una gran sorpresa al verme. Le cuento lo que he ido haciendo estos días desde que salí de Murias en la ida. Está muy contento de verme de nuevo, no se lo esperaba para nada.

Vuelvo a ser el único español en Murias. Esa noche ceno con Sophie de Suecia, Helen de Australia y Cindy de Francia. Luego llegó una noruega de la que no recuerdo el nombre.

Cena y noche relajada. Después de lo de hoy el resto del viaje me parece fácil. Me permito el lujo de probar el cocido Maragato.

 

 

 

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